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infoinfusion 29 noviembre, 2022 | Hace 2 meses

La “fast fas­hion” se apro­pia del arte tex­til me­xi­cano

Un hui­pil es un vestido de origen náhuatl usado por las mujeres indígenas del centro y sur de México. Se confecciona a mano con la técnica de telar de cintura. Existe una prenda para cada ocasión y tarda en elaborarse entre tres y seis meses. 

“El tex­til me­xi­cano, como en ge­ne­ral se po­dría de­cir, el arte po­pu­lar, es un pa­tri­mo­nio tan­to ma­te­rial como tan­gi­ble, como in­tan­gi­ble”; dijo la maestra Ele­na Váz­quez.

  “Se debe pro­te­ger, por­que si no co­rre­mos el pe­li­gro, como está su­ce­dien­do, de una apro­pia­ción por gen­te que no ha par­ti­ci­pa­do en la en el cui­da­do, en la di­fu­sión y ade­más en su mo­di­fi­ca­ción”, agregó el doctor Manuel Becerra. 

De acuerdo a la ONG Impacto, el sec­tor tex­til in­dí­ge­na ocu­pa el se­gun­do lu­gar en la pro­duc­ción de ar­te­sa­nías en Mé­xi­co y su valor va más allá de lo económico porque los diseños y prendas les brindan identidad, preservan sus tradiciones. Es un trabajo que se aprende de generación en generación y representa una forma de mostrar su cosmovisión del mundo. 

De 2012 a la fecha, el go­bierno me­xi­cano tie­ne do­cu­men­ta­do que al me­nos 23 mar­cas de ropa en­tre na­cio­na­les y ex­tran­je­ras han in­clui­do en sus co­lec­cio­nes di­se­ños tex­ti­les in­dí­ge­nas para re­pro­du­cir­las sin con­sen­ti­mien­to de las co­mu­ni­da­des, lo que implica una apropiación cultural. 

“Es un pla­gio por­que la ley, con­cre­ta­men­te el de­re­cho de au­tor, fun­da­men­tal­men­te des­de la dé­ca­da de los 90, cuan­do vie­ne todo este mo­vi­mien­to de pro­pie­dad in­te­lec­tual, la Ley de De­re­chos de Au­tor, ha tra­ta­do de pro­te­ger­lo”, subrayó el doctor Manuel Becerra. 

Según Vázquez, “se está en­ten­dien­do como una fal­ta de res­pe­to, por­que es to­mar lo que no es pro­pio y ha­cer­lo pa­re­cer como tal, ya sea en for­mas, en co­lo­res, en di­se­ños, en ico­no­gra­fías”. 

Se han difundido varios casos de apropiación, como el de diseños franceses basados en blusas mixes. 

Algunas marcas fast fashion han reproducido las flores bordadas de prendas oaxaqueñas y una casa española copió los diseños de Tenango de Doria, Hidalgo, entre otros. 

“Con un mer­ca­do de ca­rác­ter glo­bal, cual­quie­ra pue­de to­mar­le una fo­to­gra­fía y des­pués re­pro­du­cir­la en otro lu­gar. Aun­que a ni­vel in­terno no­so­tros es­te­mos di­cien­do si quie­res re­pro­du­cir­lo, tie­nes que pe­dir au­to­ri­za­ción. Si quie­res co­mer­ciar eso, ne­ce­si­tas rea­li­zar un con­tra­to”, explicó el doctor Manuel Becerra. 

Esta vi­si­bi­li­za­ción del pro­ble­ma plan­tea va­rios va­cíos le­ga­les. El reto para el Estado mexicano y para los propios artesanos radica en la forma en que se registra la autoría y propiedad de un diseño o prenda y en la vigilancia y protección del patrimonio, así como en los acuerdos comerciales que se realicen. 

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