infoinfusion 5 agosto, 2024 | Hace 1 año
Culiacán, capital de Sinaloa, vive momentos de incertidumbre y desinformación tras la captura de Ismael “El Mayo” Zambada, uno de los líderes más influyentes del cártel de Sinaloa.

Este hecho, junto a la detención de Joaquín Guzmán López, hijo del Chapo Guzmán, el 25 de julio, ha dejado a la ciudad en una tensa calma. La detención de estos capos ha generado diversas teorías, algunas hablan de traición, mientras que otras sugieren una entrega pactada.
Horas después de la captura del “Mayo”, la ciudad fue sacudida por el asesinato de Héctor Melesio Cuen Ojeda, fundador del Partido Sinaloense (PAS) y exrector de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS). Fue herido de bala en las piernas, provocándole un choque hipovolémico que le costó la vida mientras recibía atención médica. Aunque la versión oficial indica que fue un intento de robo, algunos lo vinculan con la captura del “Mayo”.
Mientras tanto, en Eldorado, una comunidad al sur poniente de Culiacán, la tumba familiar de Dámaso López Núñez fue destruida. Los cuerpos de su padre, Dámaso López García, y de su hermano, Adolfo López Núñez, fueron sustraídos, lo que ha incrementado la tensión y el temor en la región, evocando recuerdos de anteriores enfrentamientos con el cártel.
Ante la posibilidad de un nuevo “culiacanazo”, la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) ha desplegado 400 elementos adicionales en la ciudad, sumando un total de 3,400 efectivos para prevenir cualquier reacción violenta. Porfirio Fuentes Vélez, comandante de la Novena Zona Militar, no descarta una disputa interna entre las facciones del cártel de Sinaloa, lo que añade más incertidumbre a la situación.
Las teorías sobre una posible traición han aumentado el temor y la desconfianza entre la población. La última guerra intestina del cártel ocurrió en 2017, entre los “Chapitos” y los “Dámaso”. Ahora, la detención del “Mayo” y los recientes eventos han generado especulaciones sobre una nueva configuración del cártel y posibles enfrentamientos.
El homicidio de Melesio Cuen y la destrucción de la tumba de los López Núñez son vistos como señales de la continua influencia del narcotráfico en la vida pública de Sinaloa. La ciudad permanece en una tensa calma, mientras las historias y rumores serpentean entre la población, aumentando la sensación de miedo e incertidumbre.