infoinfusion 20 agosto, 2024 | Hace 1 año
A orillas de la presa Endhó, en Hidalgo, una comunidad mexicana comienza a vislumbrar esperanza después de años de batalla contra un desastre ambiental que ha afectado su calidad de vida.
Yury Uribe, residente de Tepetitlán, ha liderado un movimiento para revertir las consecuencias de la contaminación que ha convertido a su hogar en lo que describe como un “infierno ambiental”.

La presa Endhó recibe la mayoría de las aguas residuales provenientes de Ciudad de México y su área metropolitana, además de desechos industriales y cadáveres. Esta situación ha provocado la contaminación de los pozos de agua, lo que ha tenido graves repercusiones en la salud de los habitantes, quienes han reportado casos de cáncer que, según ellos, están relacionados con la polución en la zona.
La lucha encabezada por Uribe y el Movimiento Social por la Tierra, una ONG creada en 2004 para visibilizar esta tragedia, ha logrado que el gobierno federal se comprometa a la restauración del área. Se espera que en septiembre se formalice un decreto gubernamental que marcará el inicio de la recuperación de la zona, la cual ha sido descrita por las autoridades como un “infierno ambiental”.
A pesar de los esfuerzos y la esperanza generada por el plan de restauración, la realidad en Tepetitlán sigue siendo sombría. Los habitantes viven rodeados de basura, lirios, mosquitos, y un olor fétido que emana de la presa. A esto se suma el temor constante al cáncer, una enfermedad que ha afectado a varios miembros de la comunidad, quienes relacionan directamente su padecimiento con la contaminación.
Las aguas de la presa Endhó han sido utilizadas durante años para regar cultivos en el Valle del Mezquital, lo que representa un riesgo adicional para la salud. Los estudios realizados por la Comisión Nacional del Agua (Conagua) indican que el agua de los pozos cercanos no es apta para el consumo humano debido a sus altos niveles de metales pesados, como arsénico y mercurio, que provienen de las industrias que descargan sus residuos en el río Tula y sus afluentes.
El plan de restauración, que busca reducir las descargas contaminantes y mejorar el tratamiento de aguas, representa una luz de esperanza para Uribe y su comunidad. Sin embargo, la implementación de este plan será un proceso largo y difícil, en el que esperan finalmente ver su tierra recuperada y libre de la contaminación que tanto daño ha causado.