infoinfusion 23 octubre, 2023 | Hace 2 años
En una dramática jornada, la ciudad de Río de Janeiro fue testigo de un caos sin precedentes.
Milicias parapoliciales llevaron a cabo un acto de represalia, incendiando más de 30 autobuses y una cabina de tren.

Este acto de violencia obligó a la suspensión del transporte público y paralizó el tráfico en toda la ciudad, todo ello en protesta por la muerte de uno de sus miembros a manos de las fuerzas policiales.
Las autoridades respondieron con mano dura, deteniendo a 12 sospechosos de estar involucrados en “acciones terroristas”. La alcaldía decretó el “estado de atención”, el tercer nivel en una escala de cinco para desastres, debido a las graves consecuencias en la infraestructura y la logística de la ciudad. El gobernador del estado de Río de Janeiro, Claudio Castro, catalogó el incendio de los autobuses como una “dura” reacción de grupos criminales tras un importante golpe a una de las mayores milicias en la zona oeste de la ciudad, que resultó en la muerte de uno de sus líderes, alias Faustão, apodado el “señor de la guerra”.
El caos se propagó a medida que los delincuentes prendían fuego a los autobuses y a la cabina de un tren, marcando el día con el mayor número de autobuses incendiados en la historia de Río de Janeiro. A medida que los escombros calcinados obstruían las calles, el gobernador instó al “crimen organizado a no desafiar al Estado” y se comprometió a seguir combatiendo a las milicias.
Sin embargo, advirtió que el problema es mucho más amplio, acusando a estas organizaciones de ser “verdaderas mafias nacionales”. La ciudad enfrentó una interrupción significativa en los servicios de transporte, lo que afectó a la población y provocó el cierre de importantes vías, generando caos en las calles.